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Friday, May 4, 2012

INTEMPORAL


Oigo los pasos sobre mi cabeza, no sé durante cuánto tiempo este escondrijo será seguro. El olor a madera quemada de las antorchas provoca que mi mente cree imágenes de mi próxima e inevitable muerte. Llevo varios días sin dormir, ya no puedo diferenciar si las macabras representaciones son producto de mi imaginación o del poder premonitorio que ha despertado esta despiadada y sangrienta cacería. De pronto la protectora oscuridad de la bodega subterránea empieza a desaparecer y da paso a la temida claridad del fuego que portan los miembros que conforman mi particular Inquisición. Me encuentran acurrucada en una esquina, pero esto no calma su sed de sangre, no les parezco menos peligrosa. Me arrastran hacia la calle. A lo lejos, veo el amasijo de maderas que pronto será una gran incineradora, dónde me convertiré en un puñado de cenizas que vaguen por el aire, en busca del emplazamiento en el puedan volver a juntarse y así dar  lugar a mi próximo renacer. Forzosamente la historia se repite, creí que este viaje sería distinto, que las gentes del siglo XXI serían diferentes.

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